Arriero junto a los Peñones de San Francisco. Archivo de
Arriero junto a los Peñones de San Francisco. 
  • La nieve de la Sierra era un negocio rentable. En los libros del cabildo del archivo municipal hay referencias a su uso y comercio desde el s. XVII. Por él se sabe que el 29 de octubre de 1604 se encargó a Diego Ruiz el abastecimiento de nieve a la ciudad, o que el 3 de enero de 1616 se organizaron los puntos de venta. El Ayuntamiento sacaba a subasta de forma periódica la explotación del negocio nevero y, está documentado, que, por ejemplo, en 1614 se encargó a Hernando Paredes que presentara una declaración jurada de los maravedís que había ganado con la empresa. En 1727, por añadir otro curioso apunte, se ingresaron en las arcas públicas la nada despreciable cantidad de doce mil reales para lo que fue necesario transportar y vender 81.600 libras de nieve. En 1770, Andrés Calvo, junto con los derechos de explotación de la empresa, también consiguió la cesión de dos locales municipales que utilizaba como "estancos de nieve": uno en la Camorra y otro en la "Carnicería de la oveja".

 

 

En 1871, Diego García del Real compró por 125.000 pesetas la propiedad de los ventisqueros de Sierra Nevada, es decir, la nieve acumulada en toda la Sierra "los sitios hechos de la nieve, a uno y otro lado, y de uno a otro extremo y el estanco de dicho producto en la ciudad", es decir, consiguió el monopolio para la venta del "oro blanco" en Granada. Pero Manuel Titos cuenta en su libro "Los Neveros de Sierra Nevada" que, en realidad, él no fue el auténtico comprador, sino que sólo era un testaferro que actuó en nombre de su suegro, Antonio Francisco Fernández Domínguez, y de su cuñado, Francisco Fernández Sánchez, los primeros dueños de la nieve. A partir de aquí su propiedad comenzó a cambiar de manos. Donaciones y herencias se sucedieron hasta que, en 1915, José Carrera Mata, se quedó con la propiedad de la empresa.

El oficio de nevero

Manuel Titos recupera en su libro una entrevista que Pedro Sagrario realizó a Juan de Dios Sánchez Morales, a quien todos conocían como "el Jabonero", en el periódico Patria en el año 1972. Este hombre, que comenzó a trabajar como nevero a los trece años, cuenta cómo salían con los animales a las doce del día y llegaban a los ventisqueros a eso de las ocho de la tarde: "Entonces con una azada comenzábamos a cargar las bestias, en lo que echábamos aproximadamente dos horas. Inmediatamente salíamos para Granada, por Cuesta Bermeja, el Llano de las Víboras, el Tranco del Dornajo y la Cañadilla. Cuesta abajo, ¿sabe usted?, nos daban las cinco de la mañana entrando por el Salón. Las bestias bajaban con una carga de unas 18 arrobas (aproximadamente doscientos kilos)".

Los "hombres neveros" eran hombres fuertes de la serranía que subían desde Granada a los ventisqueros del Veleta para traer la nieve en los serones, envuelta en paja y apretada, para luego venderla en la ciudad. Cuando comenzó el negocio, Carrera Mata pagaba a los arrieros a razón de unas 25 pesetas por carga que aumentaba a medida que avanzaba el verano, ya que los hombres tenían que subir más para llegar a la nieve. En Granada se consumía a razón de una tonelada o una y media de nieve diaria y el precio para el consumidor era de 25 a 30 céntimos el kilo.

Al llegar a Granada, la carga se llevaba a la "Casa de la Nieve", que estaba en la calle Varela, donde José Carrera Palma abrió, en 1922, su fábrica de hielo.

Se conoce el nombre de algunos de estos ventisqueros. Estaban los "Mamporras", Frasquito el "Papero"; Francisco y Miguel Reyes; Juan García Antequera, Juan Reyes Antequera; el "Chimiliqui"; Nicolás Junco López; Miguel del Paso Reyes y su padre, José del Paso Reyes; José Fernández, el "Pincho"... el propio Jabonero recordaba a Pepe "Pistolo", el "Tin", "El Río Marchena"...

Con posterioridad pocas veces fue necesario recurrir de nuevo a los neveros, aunque ya en lugar de animales se utilizaban camiones. Una de aquellas ocasiones fue durante las restricciones eléctricas en la década de los años cuarenta. El día de Santiago de 1950 fue la última vez que se bajó nieve de Sierra Nevada para su uso comercial.

El recorrido

El de los Neveros es un camino a la montaña que comienza en el Puente Verde y se dirige, por la avenida de Cervantes, las Conejeras y los Rebites, hasta las tierras rojas y pardas del Contadero y la Raya. En la cuesta de los Desmayos y el vericueto cercano a las Víboras se ofrece una excepcional panorámica de la ciudad "envuelta en halos de luz". La fuente de los Castaños brinda agua y reposo y, el Purche, aroma serrano. Caminando se llega a la fuente del Muerto, a la otra cuesta del Desmayo, en las estribaciones del Dornajo, y continúa por donde discurre hoy la carretera que va hasta la cumbre del Veleta. Un trayecto de unos 50 kilómetros. En verano incluso se llegaba a la Hoya de la Mora o el Corral del Veleta. "Doce horas había calculado necesarias Álvaro de Bayos para remontar hasta los Contaderos, cargar la nieve y volver a la ciudad: diez de camino y dos de trasiego", cuenta José Vicente Pascual en su novela "La hermandad de la nieve" (2012).

El progreso acabó con este oficio centenario de que incluso se interesó Washington Irving:

–"¿Pero qué luces son aquellas, Mateo, que veo brillar en la Sierra Nevada sobre los hielos, y qué parecerían estrellas si no fueran rojas y no brillasen en la falda de la montaña?

–Aquellas, señor, son las hogueras que encienden los neveros que abastecen de hielo a Granada. Suben a la Sierra todas las tardes con mulos y pollinos, y turnan, descansando unos, calentándose con lumbre, mientras que otros llenan los serones de nieve. Después bajan de la Sierra y llegan a las puertas de Granada antes de la salida del sol. Esa Sierra Nevada, señor, es un monte de hielo puesto en medio de Andalucía para tenerla fresca todo el verano".